¡ Feliz cumpleaños, Dylan !
The Basement Tapes * Bob Dylan and The Band * Big Pink * Woodstock 1967
domingo, 24 de mayo de 2015
miércoles, 20 de mayo de 2015
Back pages - Cuaderno marrón - Time
T I M E …
You can do
a lot of things
that seem
to make time
stand still
…
but of
course, you know
no one can
do that.
Ahora
estoy
invocando esa magia
a través
de la música,
desde un
sótano.
En el futuro
volveré a
invocar esa misma magia
a través
también de las imágenes,
desde el
cine
:
mi propia
película para detener el tiempo
un monólogo
ante una cámara
hablando de
esto
treinta
años después.
lunes, 4 de mayo de 2015
Presente (VII)
He estado recordando aquella conversación
con Richard la noche en que me descubrió un sabor y me inventó un
sobrenombre. Compartimos, además, varias confidencias y un par de
sorpresas, como la suya cuando le conté que había decidido no
acudir al festival de Monterey porque la posibilidad de bajar al
sótano que empezaba a abrírseme por aquellos días me resultaba
mucho más trascendental. Luego he vuelto a hojear una vez más el
cuaderno marrón de Dylan, y también he releído mis propias
reflexiones al comienzo de este viaje en torno a las pérdidas y las
despedidas, ésas que el paso del tiempo ha ido tejiendo en una
historia que por momentos se asemeja a un paisaje en ruinas. Habría
algo indigno en soslayar el lugar desde el que se escribe, me digo,
pero igualmente resultaría desleal permitir que el polvo difuminara
el brillo de un tesoro compartido.
Estoy tecleando perezosamente esta última
frase -es preciso medir bien el calibre de adjetivos tan letales-
cuando la pantalla del ordenador me anuncia que acaba de entrar un
correo. En ocasiones, lo que quiera que sea eso que llamamos
providencia es capaz de camuflarse en media docena de palabras:
„Bob Dylan on Tour : Upcoming Dates“
Repaso el calendario y la lista de
lugares, sin dejar de sonreír hasta ser consciente de que llevo un
buen rato mirando hacia la ventana. Tras ella, la puerta cerrada de
un garaje, y al otro lado esa caravana que brillaba con el sol de
tarde en la parte trasera de Big Pink aquel verano del 67.
Me esfuerzo en devolver la mirada a la
pantalla para buscar en mis archivos Lo And Behold! La escucho
con auriculares, a todo volumen. Luego, yo también cuento hasta
treinta.
jueves, 23 de abril de 2015
Caravana (12) Mediados de junio 1967
He salido del sótano y me he sentado
en las escaleras de la caravana a intentar digerir lo vivido durante
las últimas horas. Una luna enorme y amarilla se eleva sobre
Overlook, ofreciendo a la montaña una apariencia de animal tendido a
sus pies.
En mis oídos resuenan los acordes de
Waltzing with Sin:
la tocaron como a mitad de sesión, dos veces seguidas sin pausa, y
por momentos -lo pienso ahora, no lo percibí entonces- la voz de
Dylan sonaba con un magnífico aplomo un tanto estrafalario en alguien que acaba
de cumplir veintiséis años. En mis ojos han quedado talladas una
serie de imágenes de hombres e instrumentos ensamblados en una
camaradería que anula el mundo exterior a ese sótano, convertido
por su música en un submarino sónico navegando en las aguas del
júbilo. Yo he pasado allí un par de horas hipnóticas, acabo de
emerger -quizá por eso me desbordan las esdrújulas-, y mi
respiración aún no se ha recuperado del todo cuando escucho a mis
espaldas la voz de Richard:
- Buenas noches, Nar. ¿Que tal el
viaje de hoy?
- ¡Hola, Richard! Ha sido fabuloso.
Sólo faltabas tú …
- Bueno, me quedé arriba, durmiendo,
y luego he salido al bosque a darle vueltas a mi „Upstairs,
Downstairs“, ya sabes ...
- ¿Y cómo va la letra?
- Regular. Es difícil poner en
palabras esa imagen de la incertidumbre de la que te hablaba el otro
día: Dylan subiendo y bajando, y a veces como suspendido entre
niveles ... Una forma suya de flotar a la que los demás sólo
conseguimos aproximarnos a veces en los sueños ... Saca una
guitarra, anda.
- Vale. ¿Te apetece tomar algo?
- Ya voy yo a por una botella y algo
de papel. Vuelvo enseguida.
Caminando con el paso a la vez
inestable y ágil de sus pies descalzos,
entra en la casa y regresa con una botella ambarina decorada con una
cinta roja.
- Aquí está la guitarra -le digo,
tendiéndosela, al tiempo que él me pasa la botella.
- Grand Marnier. ¿Te gusta?
- No sé, no lo he probado nunca.
- Pues a partir de este momento
siempre estarás en deuda conmigo, ya verás -dice con convicción y
cierta sorna, mientras comienza a rasguear la guitarra.
Entro en la caravana y saco mis dos
mejores copas y un poco de hielo.
- Sírvelo tal cual, está mejor del
tiempo.
Así lo hago. Él coge su copa, se
queda un momento mirándola y luego la levanta y propone un brindis:
- ¡Por „Nar de la Caravana“,
visitante casual de un sótano surreal!
Nos reímos juntos antes de dar el
primer sorbo, que me dispara en la boca una esencia densa y amarga de
naranjas de otro mundo.
- ¡Joder, qué bueno está esto!
-exclamo con sorpresa.
- Ya te lo advertí, siempre me lo
agradecerás -dice apurando su vaso, sonriente. Y ahora, escucha:
„Upstairs, downstairs“, versión tropecientos.
Los cinco acordes de la interpretación
que le escuché hace unos días se han adornado con arpegios y algún
cambio de ritmo; el texto se ha ido concretando en torno a un
estribillo que hace sonar los matices más azules de su voz. Al
terminar, se queda mirando la luna, que ya ha ascendido un breve
trecho sobre la montaña. No me atrevo a romper el silencio, sirvo un
poco más de licor y espero a que él regrese. Cuando lo hace,
enciende algo de fumar. La llama de la cerilla esclarece sus ojos sin
fondo. Tras un par de caladas, eludiendo comentarios sobre su
canción, me sorprende una vez más con un giro inesperado:
- Eso que llevas al cuello, Nar ...
Tenías razón, es verdad que se parece a lo mío -dice mientras se
sirve otro vaso.
Necesito unos segundos para articular
una respuesta tajante envuelta en un tono benigno:
- Disculpa, pero esta vez soy yo quien
no quiere hablar de ello. No es el momento, ¿sabes?
- No pasa nada. Lo entiendo. Mejor
compartir lo bueno, ¿verdad? -dice ofreciéndome fuego y un vaso
casi lleno de ese licor anaranjado y afable que -ya lo intuyo-
siempre me sabrá a la añoranza de una noche como ésta.
jueves, 16 de abril de 2015
Caravana (11) Mediados de junio 1967
Mi primera sesión termina con Bells
of Rhymney.
He permanecido todo el tiempo inmóvil en una esquina, mi
concentración multiplicada por cuatro -dos ojos y dos oídos
solidarios con esa grabadora custodia de un tesoro-, y así sigo
cuando Dylan decide dar por terminada la velada.
- Lo dejamos por hoy -dice mirando a
Garth, mientras se descuelga la guitarra-. Bien ese bajo, Rick. Y tú
qué, Nar, ¿cómo lo has llevado?
-
¡Disfrutando de principio a fin! ¡Vaya viaje, del Big
River
a Gales, pasando por una prisión de California! Gracias por dejarme
compartirlo.
- Prefiero no tener público en el
sótano, pero si prometes seguir portándote así de bien quizá
puedas volver a bajar alguna que otra vez. Richard me ha contado que
haces muy buenas fotos, y por tu acento supongo que has viajado desde
muy lejos para llegar hasta aquí en esa caravana que brilla con el
sol por las tardes. A lo mejor también tú tienes algo interesante
que compartir ...
- Bueno, ojalá …
Sin esperar el final de mi frase, me
lanza media sonrisa al tiempo que, poniéndose el sombrero, comienza
a subir la escalera. Se detiene en el penúltimo peldaño, con una
pregunta dirigida a la banda:
- ¿Qué os parece si un día de estos
nos ponemos con Badger Clark, tíos?
- ¡Mola! - responde Rick mientras
enciende un cigarro.
- A Levon le encantaría - comenta
Robbie.
- Supongo … No está mal echarse de
menos, a veces -concluye Dylan, que ya desaparece en la vertical de
la escalera, rematada por la oscuridad de la noche.
domingo, 22 de marzo de 2015
Back Pages - Cuaderno marrón - Mediados de junio 1967
a
tongue can accuse and carry bad news
and one man's joy is another man's pain
so
better lock your door
and
just try me plain
'cause
you ain't going nowhere
not
today, nor tomorrow, not again
miércoles, 11 de marzo de 2015
Caravana (10) Mediados de junio 1967
Del sótano emana una luz entre marina y
ocre. Me detengo unos instantes a contemplarla desde el primer
peldaño de la escalera. Han terminado con Belshazzar
y están decidiendo cuál va a ser la siguiente canción. Robbie
menciona un par de títulos de Sun Records y Rick bromea sobre uno de
ellos, mientras la guitarra acústica de Dylan se va abriendo paso
entre las risas: una sucesión simple de acordes y un tarareo
jubiloso en los que poco a poco van quedando ensamblados el resto de
voces e instrumentos.
Lo que escucho mientras, de puntillas,
voy descendiendo hacia ellos peldaño a peldaño es una tonada como
de bandoleros, acunada sobre un ritmo perfecto para ser llevado en
semicírculo por una banda de camaradas que tocan al compás de un
latido común. Arropados por la cualidad hipnótica de la melodía,
no parecen darse cuenta de que me he sentado en una esquina y les
estoy escuchando desde el suelo, con la respiración contenida y los
ojos abiertos de par en par -como si estuviéramos bajo el agua, me
sorprendo pensando-. De pronto, mientras lentamente van poniendo fin
a la canción, Dylan se da la vuelta y me clava la mirada:
- Así que tú eres Nar.
- Sí, hola a todos -digo poniéndome en
pie-. Gracias por invitarme a estar aquí ...
- Bueno, parece ser que para instalarte
fuera no te hizo falta invitación … Y esa caravana tan reluciente
ya es como si formara parte del paisaje, ¿no?
- Espero no molestar a nadie ...
- ¿Fuera o aquí abajo? Ya lo veremos.
De momento, puedes quedarte en el suelo o pillar una silla, como
prefieras. Garth, ¿preparado para grabar la siguiente? -le pregunta
a Hudson volviendo a darme la espalda.
- Todo listo -contesta Garth-. Pero ¿qué
pasa con Richard? ¿Subo a buscarlo?
- Déjalo dormir, de momento no necesitamos ni
piano ni batería. Vamos a por algunas de las que comentabais antes ... ¿Qué tal si empezamos con I
forgot?
Pero más onda Cash que Elvis, ¿de acuerdo?
Garth conecta la grabadora y Robbie
arranca con un breve punteo eléctrico, seguido por el bajo, el
órgano y la acústica dando entrada a una larguísima primera sílaba
que Dylan arrastra como resignándose a la persistencia del recuerdo:
I forgot to remember to forget
her
I can't seem to get her off my mind
I thought I'd never miss her
But I found out somehow
I think about her almost all the time.
I can't seem to get her off my mind
I thought I'd never miss her
But I found out somehow
I think about her almost all the time.
The day she went away
I made myself a promise
I made myself a promise
That I'd soon forget we ever met
...
Y
yo estoy aquí para escucharlo, con la
espalda apoyada en la pared, sonriendo ... Y prometiéndome justo lo contrario.
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