domingo, 23 de octubre de 2016

Back Pages - Cuaderno marrón - Sin datar




A  veces

                                      e l    s i l e n c i o

puede  ser  como

                                      e l    t  r  u  e  n o

                                                                     .

                                                                                                        

jueves, 20 de octubre de 2016

Presente (XV) Premio Nobel de Literatura



Buenas noticias, las mejores,
me llegan al lugar en el que escribo
:


El Premio Nobel de Literatura 2016
es otorgado a  BOB  DYLAN


"por haber creado nuevas expresiones poéticas
dentro de la gran tradición de la canción estadounidense".



¡ Felicidades y más allá !


Bildergebnis für foto dylan escribiendo

viernes, 16 de septiembre de 2016

Presente (XIV) Reliquias de una apuesta (3)



      El sueño me venció. Al despertar, a mi lado sólo quedaban Ash y Richard, bajo una manta azul. El sonido de varias guitarras, maracas y unas congas muy suaves llegaba desde una zona cercana a la parte trasera de la casa. Alguien cantaba una canción que comenzaba hablando sobre una noticia -un accidente, una fotografía...-. Llevaba casi dos meses persiguiéndome adondequiera que fuese, con su sucesión de fragmentos en apariencia inconexos y su impactante acorde final.
  
      - Esta canción la va a querer versionar todo dios, hasta sin piano, y si no al tiempo. En fin... La hoguera está decayendo, ¿veis? -comentó Richard al cabo de un rato.
     - Ya me ocupo yo -respondí-, de todas formas tengo que ir a por tabaco...

      Por allí cerca encontré algunas ramas secas y un par de troncos con los que fue fácil reavivar el fuego. Cuando las llamas empezaron a crecer, poco a poco fui percibiendo a través de ellas un resplandor ajeno a los colores de las brasas, una tonalidad asociada a una sensación acústica que parecía surgir de su propio crepitar. El brote sinestésico acabó por concretarse en una voz al principio ininteligible que se me iba acercando materializada en una silueta imprecisa.

      - ¡Acabarás quemándote las cejas, Nar, esta vez de verdad!

      Dylan cruzó por el otro lado del fuego, dirigiéndose hacia la entrada trasera. Frente a ella, la gente que había estado tocando aquella canción perturbadora formaba ahora un corro en torno al hombre del sombrero extemporáneo, quien en ese momento ponía fin a la historia que les acababa de contar voceando una cita bíblica que atribuyó al Libro del Apocalipsis:

„Sobre la atalaya, mi señor,
estoy firme a lo largo del día,
y en mi puesto de guardia
estoy firme noches enteras.“

       Dylan pudo escucharlo al pasar junto al grupo para entrar en la casa. Desde la puerta, con un ademán como a cámara lenta, se dio la vuelta para contradecir al hombre de negro:

      - No es Apocalipsis. Es Isaías, capítulo 24.

      Yo lo iba procesando todo mientras regresaba junto a Richard y Ash. De pronto me detuve, y en voz muy alta, me oí decir:

      - Tampoco. Es Isaías, sí, pero el capítulo 21, versículo 8.

      Todo el mundo quedó en silencio. Un mar de ojos me observaba, los de Dylan resplandecían en un gesto insondable.
  
      - ¡¿Cómo te atreves?! -clamó al tiempo que abría la puerta.

      Iba a responder no sé bien qué cuando una voz polvorienta retumbó a mis espaldas:

      - Si estáis tan seguros, ¿por qué no apostáis?

      Al volverme, una cara como una máscara me miraba fijamente bajo aquel enorme sombrero negro. Dylan se quedó parado ante la puerta abierta, con la cabeza ladeada, y con gran parsimonia encendió un cigarro.

      - Sea -dijo al cabo de unos segundos eternos. Luego entró en Big Pink dando un portazo.

  
      Después de tantos años, aquel ruido sigue resonando en mi cabeza como el disparo previo a un duelo, antes de haber podido elegir arma. Dylan la escogió por mí. Si hoy volviéramos a encontrarnos le preguntaría si aún recuerda la escena siguiente como lo hago yo esta noche, en blanco y negro.










viernes, 19 de agosto de 2016

Back Pages - Cuaderno marrón - Noche de julio 67






 Hay canciones dentro de mis canciones.


  Una apuesta puede sonar como una armónica cruzada

  que aparece una sola vez,

                                      r á p i d a   como  un  destello.










viernes, 5 de agosto de 2016

Presente (XIII) Reliquias de una apuesta (2)





        
       -¡Garth! - la voz de Richard tronaba desde el interior de Big Pink, todos nos mirábamos como tanteándonos la ropa-. ¡Ven a apagar esto, Garth! ¡La puta cinta se ha encasquillado!

       En el silencio que siguió a aquel grito, un gesto mudo de Garth me dejó al mando del fuego mientras él se dirigía hacia el interior de la casa.

       - ¿Qué ha sido eso? -preguntó una voz como polvorienta.

       Era el tipo del sombrero extemporáneo. Se quedó sin respuesta -todo el mundo corría a rellenar sus vasos- hasta que Garth y Richard salieron y, hombro con hombro, desde el umbral, ofrecieron sus respectivas versiones del asunto:

       - Era una de las cintas que estamos grabando estos días en el sótano, el equipo a veces tiene sus caprichos … -explicó Garth, con su voz conciliadora.
       - ¡Es mi manera de saludaros, gilipollas! Os estoy diciendo „hola“ por personaje interpuesto, es lo mejor que se me ha ocurrido para que entendáis que habéis elegido justo el peor día para venir a petarnos esto, joder...

       Nadie reaccionó a la voz cada vez más quebrada de Richard, hasta que una chica que estaba a mi lado, junto al fuego, rompió el silencio con una pregunta tan inocente como su propio aspecto:

       - Vale, pero ¿quién coño es ese Tiny Montgomery?

       Risas entrecortadas y brindis indecisos en vasos con cubitos ya derretidos, hasta que Rick, levantándose con una antorcha que acababa de prender en el fuego, se acercó a la chica de la pregunta para ofrecérsela, añadiendo a la sonrisa una pista prometedora:

       - Julie: tendrás que quedarte un rato más si de verdad te interesa averiguarlo.

       Mientras Julie recibía la antorcha intentando no quemarse, desde una de las ventanas abiertas del salón surgió una voz casi marcial, amplificada por un micrófono:

       - En todo caso, gente, no creo que sea buena idea andar aireando tan pronto lo que estamos tramando en privado en el sótano de esta casa. Mejor usaremos estos altavoces para crear un ambiente más propicio a esta reunión de amigos... Gracias a todos por venir. ¡Rick! ¡Pínchate algo a la altura de las circunstancias!

       Era Robbie, que tras su discurso de bienvenida salió por la puerta del salón abrazado a su flamante Dominique para, sin apenas saludar a nadie, ir a sentarse junto a un árbol llevándose la mejor botella de champán de toda la fiesta. Por suerte, la música elegida por Rick -evocadora, luminosa- empezó a sonar enseguida por los altavoces que Richard -con tan diferente propósito- había colocado frente a las ventanas, y para entonces la luz ya era lo suficientemente escasa y los inputs etéreos lo suficientemente fuertes como para que las conversaciones fluyesen sin que nadie tuviera que sentirse como público de nadie y alguna gente empezara a bailar. Garth se había vuelto a colocar al mando del fuego, y justo entonces aparecieron Simone y Ash, saludándome desde la puerta de mi caravana y apuntando adentro. Sin palabras, Garth me apremió a levantarme a recibirles.

       - ¡Hola, Nar! Gracias por llamarnos, esta fiesta tiene buena pinta... En Zena me aburro bastante últimamente, ¿sabes?, Simone y tú tampoco os pasáis tanto por allí, así que mola juntarnos esta noche entre tanta gente „guapa“... ¿Va a estar también Dylan, no? Bueno, hemos metido cervezas en la nevera, el resto de provisiones están en esa mochila, debajo de la mesa, y …
       - ¡Para ya, Ash! -interrumpió Simone con una de sus muecas-. Mola volver a verte, Nar, y además esta caravana siempre me inspira buena onda… -añadió dándome un abrazo.
       - Gracias por venir, y por las vituallas. Dylan todavía no ha aparecido, Ash, ya veremos si se digna... -su gesto contrariado me hizo sonreír-. Si os parece, preparamos algo y salimos a mezclarnos con la peña, hasta ahora me he estado ocupando del fuego sin apenas hablar con nadie...
       - Hecho -dijo Ash-. Salid ya, yo voy enseguida.

       Simone y yo pillamos unas cervezas de la nevera y nos acercamos al círculo más próximo a la caravana, formado en torno a un hombre con barba pelirroja y voz casi meliflua que cantaba sentado en el suelo acompañándose con una Martin preciosa. Alguien preguntó en voz baja quién era y Simone le llamó ignorante con un simple gesto, sin dignarse contestar. Algunas chicas lo miraban fascinadas, daba casi vergüenza seguir allí, así que nos movimos hasta el siguiente grupo, del que provenían unas risas agudas y contagiosas. Un tipo de aspecto estrafalario estaba contando una historia al parecer muy divertida. Al acercarnos vimos que era Tiny Tim, le gustaba pasarse por Big Pink de vez en cuando. Estaba haciendo reír a todo el mundo, excepto a una chica muy joven con un aspecto muy triste. Al terminar el relato, Tiny le dedicó una canción que hablaba de Memphis. Su falsete y su ukelele hicieron que la chica acabara por sonreír.

       Ash se nos unió trayendo provisiones. Nos movimos, pensando en compartirlas con el grupo en el que dos amigos de Dylan -Neuwirth y Alk- se habían enzarzado en una discusión sobre cine que mantenía en tensión a las diez o doce personas que los rodeaban. Muy mal rollo, excepto por parte de Richard, que se alegró al vernos.

       - No hay quien aguante a estos dos tíos cuando se rayan así. Mejor nos vamos a otro lado a probar esa merienda que traéis ahí -la risa le hizo toser durante un rato sin que él pareciera darse cuenta.

       Nos alejamos un poco hacia una zona menos iluminada, haciéndole una seña a Rick. Se nos unió acompañado por una de las chicas más guapas de la fiesta, Sally dijo llamarse. Extendimos un par de mantas bajo unos árboles y allí estuvimos compartiendo entre los seis lo mejor de la noche hasta ese momento: una intensísima sensación de cercanía.
Tras un largo rato de silencio, Sally disparó una pregunta que nos dejó fuera de juego:

       - ¿Pensáis que lo de „verano del amor“ nos incluye también a la gente que en la Costa Este celebramos fiestas así?
       - Así, ¿cómo? Para empezar, esto no es exactamente una fiesta, cariño, al menos todavía -fue la respuesta de Rick antes de tenderse junto a ella y comenzar a besarla.
       - 'Ooh, baby, ooh-ee' -entonó brevemente Richard-, ¡haremos todo lo posible para que termine en juerga!

       Brindamos entre risas, y yo sentí que tenía una gran suerte al estar en aquel lugar en aquel momento. Es lo que sigo sintiendo esta noche, 49 años después, mientras contemplo mi imagen reflejada en el espejo de una sombrerera marrón que una vez perteneció a Dylan.











viernes, 22 de julio de 2016

Presente (XII) Reliquias de una apuesta (1)









         En mitad de esta noche de verano, una caja grande y redonda me está interpelando desde la mesa. Lleva un buen rato abierta, rebosando fotos y reflejando mi cabeza ladeada en el espejo interior de la tapa. Esta imagen con chistera y ojos entrecerrados vuelve a contarme la historia de aquella noche de julio del 67 en la que -sin llegar a creérmelo del todo- tuve la mala fortuna de ganarle una apuesta a Dylan.

       Eran días de mucho calor, y por la mañana nos habíamos estado bañando en uno de los arroyos cercanos a Big Pink. Fuimos un grupo de seis o siete, recuerdo a una chica rubia y a alguien que llevaba una cámara. Hamlet se vino con nosotros y Rick estuvo jugando con él, al final acabó tirándose al agua con su camiseta de rayas, feliz como un niño pequeño, le hicieron unas fotos fantásticas. Richard prefirió quedarse en casa a esperar a Dylan, iban a revisar un tema al piano. No hubo manera de convencerle para que nos acompañara, esa canción le importaba más que cualquier otra cosa por aquellos días. Se iba a titular Tears of Rage, dijo.

       Al regresar a Big Pink por la tarde, estuve durmiendo un rato en la caravana. El olor a leña quemada me sacó de un sueño de desiertos. Salí y vi a Garth encendiendo una hoguera a pocos metros.

       - ¿Qué tal la siesta, Nar? -me preguntó sonriendo-. Mira, estoy a punto de cumplir treinta tacos y se me ha ocurrido montar algo aquí fuera esta noche, con alguna gente. A Dylan le parece bien. Si te apetece invitar a alguien, puedes llamar desde aquí...
       - Vale, voy a ver. Si hace falta algo, dímelo -ayer fui a comprar y tengo las reservas a tope.
       - Gracias, seguro que nos vendrán bien.

      Me senté a fumar en las escaleras de la caravana y estuve un rato pensando a quién avisar. Luego entré en la casa e hice un par de llamadas. Simone estaba en su granja de Woodstock y Ash pasaba una temporada en Zena, con unos amigos. La invitación les sorprendió, pero al asegurarles que era idea de Garth -con el OK de Dylan- se apuntaron enseguida, prometiendo traer „provisiones diversas“.

      - ¿De qué te reías tanto? -escuché a Richard preguntar a mi espalda mientras colgaba el teléfono. Su voz sonaba como empañada.
      - Nada, estaba invitando a unos amigos a pasarse por aquí esta noche, me lo acaba de proponer Garth...
      - Ah, ¿sí? Pues ni putas ganas tengo yo hoy de que se nos llene esto de gente, ¿sabes?
      - ¿Pasa algo?
    - ¡Pasa que Dylan me ha vuelto a dejar colgado, joder! No ha aparecido por aquí en todo el día y teníamos que terminar esa canción... Y es urgente, al menos para mí.
      - Vaya... A lo mejor aparece más tarde, ¿no?
     - A lo mejor. Pero „más tarde“ nunca es „a tiempo“. Él debería saberlo.

      Me dejó sin saber qué decir, dándome la espalda mientras encendía un cigarro. Entendí que quería quedarse solo. Le puse una mano en el hombro, muy brevemente, y en silencio volví a la caravana.

      La tarde iba cayendo y la gente llegando poco a poco. Yo apenas conocía a nadie y preferí evadir las presentaciones, dedicándome a observar mientras ayudaba a Garth a mantener el fuego en espera de que aparecieran Ash y Simone. Rick salió por la puerta de la cocina haciendo equilibrios para no dejar caer los hielos que desbordaban una enorme cubitera de cristal y enseguida empezó a saludar a todo el mundo, entre abrazos y risas cómplices: chicas con melenas a juego con los colores de sus vestidos y tipos con botellas en las manos y gafas de espejos anaranjados que poco a poco iban olvidando junto a los vasos vacíos y los ceniceros llenos. Uno de los hombres, que llegó solo y no se unió a ninguno de los pequeños grupos que se habían ido formando, llamó mi atención: llevaba un sombrero extemporáneo en aquel ambiente de sol cada vez más tenue y voces cada vez más animadas. Ni siquiera se lo quitó cuando, una tras otra, las voces se fueron apagando ante el sonido que comenzaba a salir del interior de la casa. Richard estaba abriendo las ventanas del salón, colocando ante ellas dos altavoces de los que surgió una música que petrificó la escena. Una panda de roqueros tripulaba una nave rumbo a lo desconocido: instrumentos en caída libre y experimentos vocales entre la broma y el quejido.

 
Tell ev’rybody
Down in ol’ Frisco
That Tiny Montgomery’s comin’
Down to say hello !!!!







viernes, 17 de junio de 2016

Back Pages - Cuaderno marrón - Finales de julio 67


 
      Días y noches de verano

      Voy componiendo canciones 
      que flotan en una bruma luminosa

      Mientras tanto la vida sigue su curso ahí fuera,
      en torno a nosotros,
      muy lejos


                                         Nuestro „Verano del amor“ será una juerga privada
                                         - con una guitarra Ibanez como única invitada - ! ! !