sábado, 17 de diciembre de 2016

Back Pages – Cuaderno marrón – Sin fecha (Pasajes de un discurso/sueño)



Pasajes de un discurso/sueño



     
Respiré profundamente
   me di la vuelta
   y corrí ...
                            
                        … recorriendo otro camino
                             un camino más antiguo
                             a través del tiempo y la dignidad
                                                                 y nunca me he quitado las botas  ...

                                        
                                                           ... sacar nuevos sonidos de los viejos sonidos
                                                    y nuevas palabras de las viejas palabras
                                                                y gritar con
mi mente cantante
     

     algo que no tiene fin
    tiene que ser
poesía de una
    manera u otra
                                         

                                                    y la poesía hace que me sienta feliz
                                                  a falta de una palabra mejor

  
                infinito infinito
                                           todo es infinito
                                                                     y todo son
canciones



 

“ La música, amigo, es lo que importa . ” 









miércoles, 16 de noviembre de 2016

Presente (XVI) – Reliquias de una apuesta (4)




     



  Mi caravana se desplaza casi cincuenta años hacia delante para enlazar el estruendo provocado por aquel portazo de Dylan una noche del verano de Big Pink con el eco de confusión originado por su largo silencio de hace unas semanas tras la concesión del Nobel de Literatura. Aquel ruido y este sigilo lleno de resonancias provocan ahora en mi ánimo secuelas similares como modos antagónicos de elocuencia. Quedan separados por la reverberación y por las décadas, pero fueron contiguos en el desenlace -prologado también por el silencio- de aquella escena de una apuesta bíblica propiciada por un desconocido con voz polvorienta. Esto es lo que recuerdo de ella:

       Tras aceptar el desafío con una respuesta lacónica, Dylan había desaparecido en la casa dejando tras de sí el eco de un gesto airado que suscitó algunos comentarios en voz baja entre los grupos más cercanos a la entrada trasera. Enseguida reapareció ante ella, su figura esculpida en un silencio que retumbó en el aire haciendo enmudecer a todo el mundo. Estrépito, eco y luego nada, capítulos sucesivos en la particular retórica dylaniana -aquella noche de julio del 67 y éstas otras del otoño de 2016-: “A veces, el silencio puede ser como el trueno.”
 
       De pie ante la puerta, sus ojos mudos me buscaron entre la gente que ya comenzaba a apartarse hacia zonas menos iluminadas. Yo me acerqué con un gesto que imitaba una media sonrisa, los hombros encogidos y las manos abiertas. Él levantó las suyas: en la izquierda llevaba dos trozos de papel, un bolígrafo y un lápiz; en la derecha, una mandolina que dejó apoyada en el marco de la puerta. Su silencio prolongaba un tiempo en el que yo sentí, con un escalofrío, que Dylan estaba mirando a través de mí. La respiración se me entrecortaba, pero conseguí callarme hasta que le escuché decir:

       - Apostemos, Nar. La cita era del Libro de Isaías, en eso estamos de acuerdo, pero me cuesta suponer que conozcas la Biblia mejor que yo, y sobre todo no entiendo por qué tenías que contradecirme ante toda esta gente. ¿Pretendías ganar un aplauso, una medalla, la Super Bowl de la inconveniencia, quizá?

       - No me dedico a coleccionar trofeos. La verdad es que no tenía intención de …

       Dylan me interrumpió, levantando la voz y ladeando la cabeza con gesto desafiante:

       - La ausencia de intención no exime de sus consecuencias, Nar, y ese tío de negro que está junto al fuego ha lanzado un guante que vas a tener que recoger.

       Vino hacia mí y, con gesto brusco, me tendió el bolígrafo y uno de los dos trozos de papel, sin darme opción ni a rehusar ni a elegir.

       - Haremos una apuesta a ciegas. Vamos a escribir lo que queremos del otro en caso de ganar, sin tener en cuenta si habrá o no proporcionalidad en lo elegido. ¿Te queda claro? Nos vemos dentro de un rato.

       Luego se dio la vuelta y se dirigió a la entrada delantera de Big Pink, ante la que había dejado aparcado su coche. Su silueta, al alejarse, volvía a quedar esculpida en silencio. Un trozo de papel enrollado colgaba de su mano izquierda: un edicto todavía en blanco.

      Casi cincuenta años después, mientras escribo estos apuntes ante la caja grande y redonda que acabaría por ser mi trofeo en aquella apuesta, presiento un recuerdo del futuro: otro papel, esta vez orlado con un galardón. Quizá más silencio.









domingo, 23 de octubre de 2016

Back Pages - Cuaderno marrón - Sin datar




A  veces

                                      e l    s i l e n c i o

puede  ser  como

                                      e l    t  r  u  e  n o

                                                                     .

                                                                                                        

jueves, 20 de octubre de 2016

Presente (XV) Premio Nobel de Literatura



Buenas noticias, las mejores,
me llegan al lugar en el que escribo
:


El Premio Nobel de Literatura 2016
es otorgado a  BOB  DYLAN


"por haber creado nuevas expresiones poéticas
dentro de la gran tradición de la canción estadounidense".



¡ Felicidades y más allá !


Bildergebnis für foto dylan escribiendo

viernes, 16 de septiembre de 2016

Presente (XIV) Reliquias de una apuesta (3)



      El sueño me venció. Al despertar, a mi lado sólo quedaban Ash y Richard, bajo una manta azul. El sonido de varias guitarras, maracas y unas congas muy suaves llegaba desde una zona cercana a la parte trasera de la casa. Alguien cantaba una canción que comenzaba hablando sobre una noticia -un accidente, una fotografía...-. Llevaba casi dos meses persiguiéndome adondequiera que fuese, con su sucesión de fragmentos en apariencia inconexos y su impactante acorde final.
  
      - Esta canción la va a querer versionar todo dios, hasta sin piano, y si no al tiempo. En fin... La hoguera está decayendo, ¿veis? -comentó Richard al cabo de un rato.
     - Ya me ocupo yo -respondí-, de todas formas tengo que ir a por tabaco...

      Por allí cerca encontré algunas ramas secas y un par de troncos con los que fue fácil reavivar el fuego. Cuando las llamas empezaron a crecer, poco a poco fui percibiendo a través de ellas un resplandor ajeno a los colores de las brasas, una tonalidad asociada a una sensación acústica que parecía surgir de su propio crepitar. El brote sinestésico acabó por concretarse en una voz al principio ininteligible que se me iba acercando materializada en una silueta imprecisa.

      - ¡Acabarás quemándote las cejas, Nar, esta vez de verdad!

      Dylan cruzó por el otro lado del fuego, dirigiéndose hacia la entrada trasera. Frente a ella, la gente que había estado tocando aquella canción perturbadora formaba ahora un corro en torno al hombre del sombrero extemporáneo, quien en ese momento ponía fin a la historia que les acababa de contar voceando una cita bíblica que atribuyó al Libro del Apocalipsis:

„Sobre la atalaya, mi señor,
estoy firme a lo largo del día,
y en mi puesto de guardia
estoy firme noches enteras.“

       Dylan pudo escucharlo al pasar junto al grupo para entrar en la casa. Desde la puerta, con un ademán como a cámara lenta, se dio la vuelta para contradecir al hombre de negro:

      - No es Apocalipsis. Es Isaías, capítulo 24.

      Yo lo iba procesando todo mientras regresaba junto a Richard y Ash. De pronto me detuve, y en voz muy alta, me oí decir:

      - Tampoco. Es Isaías, sí, pero el capítulo 21, versículo 8.

      Todo el mundo quedó en silencio. Un mar de ojos me observaba, los de Dylan resplandecían en un gesto insondable.
  
      - ¡¿Cómo te atreves?! -clamó al tiempo que abría la puerta.

      Iba a responder no sé bien qué cuando una voz polvorienta retumbó a mis espaldas:

      - Si estáis tan seguros, ¿por qué no apostáis?

      Al volverme, una cara como una máscara me miraba fijamente bajo aquel enorme sombrero negro. Dylan se quedó parado ante la puerta abierta, con la cabeza ladeada, y con gran parsimonia encendió un cigarro.

      - Sea -dijo al cabo de unos segundos eternos. Luego entró en Big Pink dando un portazo.

  
      Después de tantos años, aquel ruido sigue resonando en mi cabeza como el disparo previo a un duelo, antes de haber podido elegir arma. Dylan la escogió por mí. Si hoy volviéramos a encontrarnos le preguntaría si aún recuerda la escena siguiente como lo hago yo esta noche, en blanco y negro.










viernes, 19 de agosto de 2016

Back Pages - Cuaderno marrón - Noche de julio 67






 Hay canciones dentro de mis canciones.


  Una apuesta puede sonar como una armónica cruzada

  que aparece una sola vez,

                                      r á p i d a   como  un  destello.










viernes, 5 de agosto de 2016

Presente (XIII) Reliquias de una apuesta (2)





        
       -¡Garth! - la voz de Richard tronaba desde el interior de Big Pink, todos nos mirábamos como tanteándonos la ropa-. ¡Ven a apagar esto, Garth! ¡La puta cinta se ha encasquillado!

       En el silencio que siguió a aquel grito, un gesto mudo de Garth me dejó al mando del fuego mientras él se dirigía hacia el interior de la casa.

       - ¿Qué ha sido eso? -preguntó una voz como polvorienta.

       Era el tipo del sombrero extemporáneo. Se quedó sin respuesta -todo el mundo corría a rellenar sus vasos- hasta que Garth y Richard salieron y, hombro con hombro, desde el umbral, ofrecieron sus respectivas versiones del asunto:

       - Era una de las cintas que estamos grabando estos días en el sótano, el equipo a veces tiene sus caprichos … -explicó Garth, con su voz conciliadora.
       - ¡Es mi manera de saludaros, gilipollas! Os estoy diciendo „hola“ por personaje interpuesto, es lo mejor que se me ha ocurrido para que entendáis que habéis elegido justo el peor día para venir a petarnos esto, joder...

       Nadie reaccionó a la voz cada vez más quebrada de Richard, hasta que una chica que estaba a mi lado, junto al fuego, rompió el silencio con una pregunta tan inocente como su propio aspecto:

       - Vale, pero ¿quién coño es ese Tiny Montgomery?

       Risas entrecortadas y brindis indecisos en vasos con cubitos ya derretidos, hasta que Rick, levantándose con una antorcha que acababa de prender en el fuego, se acercó a la chica de la pregunta para ofrecérsela, añadiendo a la sonrisa una pista prometedora:

       - Julie: tendrás que quedarte un rato más si de verdad te interesa averiguarlo.

       Mientras Julie recibía la antorcha intentando no quemarse, desde una de las ventanas abiertas del salón surgió una voz casi marcial, amplificada por un micrófono:

       - En todo caso, gente, no creo que sea buena idea andar aireando tan pronto lo que estamos tramando en privado en el sótano de esta casa. Mejor usaremos estos altavoces para crear un ambiente más propicio a esta reunión de amigos... Gracias a todos por venir. ¡Rick! ¡Pínchate algo a la altura de las circunstancias!

       Era Robbie, que tras su discurso de bienvenida salió por la puerta del salón abrazado a su flamante Dominique para, sin apenas saludar a nadie, ir a sentarse junto a un árbol llevándose la mejor botella de champán de toda la fiesta. Por suerte, la música elegida por Rick -evocadora, luminosa- empezó a sonar enseguida por los altavoces que Richard -con tan diferente propósito- había colocado frente a las ventanas, y para entonces la luz ya era lo suficientemente escasa y los inputs etéreos lo suficientemente fuertes como para que las conversaciones fluyesen sin que nadie tuviera que sentirse como público de nadie y alguna gente empezara a bailar. Garth se había vuelto a colocar al mando del fuego, y justo entonces aparecieron Simone y Ash, saludándome desde la puerta de mi caravana y apuntando adentro. Sin palabras, Garth me apremió a levantarme a recibirles.

       - ¡Hola, Nar! Gracias por llamarnos, esta fiesta tiene buena pinta... En Zena me aburro bastante últimamente, ¿sabes?, Simone y tú tampoco os pasáis tanto por allí, así que mola juntarnos esta noche entre tanta gente „guapa“... ¿Va a estar también Dylan, no? Bueno, hemos metido cervezas en la nevera, el resto de provisiones están en esa mochila, debajo de la mesa, y …
       - ¡Para ya, Ash! -interrumpió Simone con una de sus muecas-. Mola volver a verte, Nar, y además esta caravana siempre me inspira buena onda… -añadió dándome un abrazo.
       - Gracias por venir, y por las vituallas. Dylan todavía no ha aparecido, Ash, ya veremos si se digna... -su gesto contrariado me hizo sonreír-. Si os parece, preparamos algo y salimos a mezclarnos con la peña, hasta ahora me he estado ocupando del fuego sin apenas hablar con nadie...
       - Hecho -dijo Ash-. Salid ya, yo voy enseguida.

       Simone y yo pillamos unas cervezas de la nevera y nos acercamos al círculo más próximo a la caravana, formado en torno a un hombre con barba pelirroja y voz casi meliflua que cantaba sentado en el suelo acompañándose con una Martin preciosa. Alguien preguntó en voz baja quién era y Simone le llamó ignorante con un simple gesto, sin dignarse contestar. Algunas chicas lo miraban fascinadas, daba casi vergüenza seguir allí, así que nos movimos hasta el siguiente grupo, del que provenían unas risas agudas y contagiosas. Un tipo de aspecto estrafalario estaba contando una historia al parecer muy divertida. Al acercarnos vimos que era Tiny Tim, le gustaba pasarse por Big Pink de vez en cuando. Estaba haciendo reír a todo el mundo, excepto a una chica muy joven con un aspecto muy triste. Al terminar el relato, Tiny le dedicó una canción que hablaba de Memphis. Su falsete y su ukelele hicieron que la chica acabara por sonreír.

       Ash se nos unió trayendo provisiones. Nos movimos, pensando en compartirlas con el grupo en el que dos amigos de Dylan -Neuwirth y Alk- se habían enzarzado en una discusión sobre cine que mantenía en tensión a las diez o doce personas que los rodeaban. Muy mal rollo, excepto por parte de Richard, que se alegró al vernos.

       - No hay quien aguante a estos dos tíos cuando se rayan así. Mejor nos vamos a otro lado a probar esa merienda que traéis ahí -la risa le hizo toser durante un rato sin que él pareciera darse cuenta.

       Nos alejamos un poco hacia una zona menos iluminada, haciéndole una seña a Rick. Se nos unió acompañado por una de las chicas más guapas de la fiesta, Sally dijo llamarse. Extendimos un par de mantas bajo unos árboles y allí estuvimos compartiendo entre los seis lo mejor de la noche hasta ese momento: una intensísima sensación de cercanía.
Tras un largo rato de silencio, Sally disparó una pregunta que nos dejó fuera de juego:

       - ¿Pensáis que lo de „verano del amor“ nos incluye también a la gente que en la Costa Este celebramos fiestas así?
       - Así, ¿cómo? Para empezar, esto no es exactamente una fiesta, cariño, al menos todavía -fue la respuesta de Rick antes de tenderse junto a ella y comenzar a besarla.
       - 'Ooh, baby, ooh-ee' -entonó brevemente Richard-, ¡haremos todo lo posible para que termine en juerga!

       Brindamos entre risas, y yo sentí que tenía una gran suerte al estar en aquel lugar en aquel momento. Es lo que sigo sintiendo esta noche, 49 años después, mientras contemplo mi imagen reflejada en el espejo de una sombrerera marrón que una vez perteneció a Dylan.