miércoles, 24 de diciembre de 2014

Back Pages - Cuaderno marrón - Bright Summer Night 1967



          Veo una luz venir brillando

          desde el verano hacia el invierno.


          Estar aquí y entonces

          tras las décadas y ahora

          compartiendo el brillo de una estrella.






martes, 16 de diciembre de 2014

Back Pages - Cuaderno marrón (d) Comienzos de junio 1967



 
Hay cosas de las que no se habla,
y otras
de las que se habla sin ser cosas ...

Esa caravana instalada en la parte trasera de la casa
- a la hora que llego el sol le da justo encima

y la veo brillar

y me quedo un rato mirándola
       (los ojos, entrecerrados) 
 
y sé que hay alguien dentro
         a quien todavía no conozco

                                     :

la caravana
como una metáfora de mí mismo
en estos días de primavera
en los que la Olivetti se me acompasa
con ritmos antiguos

-sí, estoy pensando en términos de ritmo, también, estos días-

y a la vez
con un torrente verde espiga
del que van brotando
la alegría, la reacción,
la complicidad de una banda
que es yo antes y yo ahora


Si lo hablamos,
o mejor si conseguimos tocarlo juntos,
quizá
lo que todavía no conozco
se nos podría unir cualquier tarde,
en el sótano


¿Quién habita esa "caravana metafórica"?

            ( almohadas psicodélicas :
              ¿ por qué el surrealismo habría de ser
                patrimonio de un único bando ? )


¡Habla conmigo, Nar !
- ellos me han contado que tienes este nombre
como de bufón de Shakespeare ...

  Ahora me gustaría saber a qué suena tu voz .







martes, 9 de diciembre de 2014

Caravana (6) Comienzos de junio 1967




 

     Regreso junto a la caravana y Richard sigue sentado en los escalones, terminando su café. Me sonríe, no pregunta dónde he estado, pero de alguna manera yo se lo explico al responder a la cuestión que se había planteado a sí mismo un rato antes, incluyendo en la respuesta un recordatorio de mi espera:

     - He estado pensando que quizá me has contado lo de “Upstairs, Downstairs” sólo porque quieres compartirlo con alguien no "de dentro", porque te interesa mi perspectiva "externa". Todavía no he podido bajar con vosotros al sótano, así que no tengo grabada esa imagen tuya, tan obsesiva que hasta te la llevas a los sueños, de Dylan en la escalera bajando/subiendo/bajando ...
      - Vale. Ya sabes que yo les comenté hace días la idea de que alguna tarde te sentaras en el sótano a vernos tocar -porque escucharnos ya lo haces, desde fuera, lo sabemos-; no es culpa mía que hasta ahora no se lo hayan vuelto a plantear ... Pero yo no te estoy hablando de deseos puestos en manos ajenas -culpa tuya, Nar-, sino de una imagen de la incertidumbre -no sé si lo pillas- que tiene que ver con la que estoy sintiendo al intentar componer esa canción ...
      - ¿Y tu inseguridad está más en la letra o en la música?
     - Bueno, yo he hablado de incertidumbre, que es una palabra mucho más sugerente que la tuya ... Pero es la letra lo que me tiene más colgado ... Los acordes los tengo claros, ya verás.
 
    De un salto se mete en la caravana y sale con una de mis guitarras entre las manos. Toca cinco acordes, salmodiando palabras inconexas sobre una melodía descendente que recupera la verticalidad del ascenso mediante agudos en los que su voz arde. Al terminar, nos quedamos en silencio. Lo rompe él:
 
    - A partir de ahora, Nar, vendré a tu caravana todos los miércoles a las 9:30 para seguir comentando contigo este asunto -dice poniéndome una mano sobre el hombro, muy serio.
       - No me lo creo, Richard.
       - Haces bien.
 
      Se levanta, deja su tazón de café ya vacío en el último escalón y se marcha en dirección al bosque, diciéndome adiós con la mano. Lo miro alejarse, descalzo, sabiendo que acabo de escuchar la fotografía inexistente de una leyenda: con mis oídos, con mis ojos, con mi mitomanía anticipatoria .-.-.-
 
                  If you find me in a gloom or catch me in a dream
                                                                        .-.-.-



jueves, 4 de diciembre de 2014

Caravana (5) Comienzos de junio 1967



  

    - "Ayer me quedé a dormir en el sótano, ¿sabes? Había habido una especial buena onda, muy buenas vibras durante la sesión de la tarde -el micrófono de la voz de la conciencia conectado y una luz como de regalo del cielo por su cumpleaños-. Pensé que a lo mejor las podía reincorporar dormido ...
      ... Y ahí, en el sofá del sótano, he soñado, ¿sabes? Y en el sueño volvía a ver a Dylan como lo veo tantos días -de pie en la escalera, ahí, como suspendido entre niveles, como mirando algo que nadie más fuera capaz de ver ...
      ... Pero también lo veía como dentro de una canción, o de la idea de una canción, y esto ya es más difícil de explicar ... Voy a intentarlo, de todos modos.
      Llevo semanas dándole vueltas a un tema: "Downstairs, Upstairs", o al revés, "Upstairs, Downstairs". Va de que cuando ves a Dylan en la escalera del sótano no tienes modo de saber si sube o baja. A veces hace las dos cosas a la vez (te lo juro, lo comentó también Garth el otro día). Y en ese trance el tío suele llevar en la mano algún papel, a veces muchos, y de ahí durante las sesiones van saliendo historias y sonidos que nos alucinan a todos, empezando por él. Yo quiero hacer una canción con todo eso, ¿sabes? Y la voy haciendo, aunque me cuesta. A lo mejor por eso aún no lo he hablado con nadie, ni siquiera con Rick. No sé qué coño hago contándotelo a ti aquí, a estas horas, cuando todavía ni siquiera me despertado del todo del sueño ...” .
 
      Richard me lo está contando a la mañana siguiente, sentados en los escalones de la caravana empuñando tazones de café y algo de fumar en las manos libres. De pronto deja de hablar, se queda mirando a lo lejos, y es como si se hubiera ido.

      Me levanto despacio, lo dejo solo un rato.



miércoles, 26 de noviembre de 2014

Presente (V)




    Estaba esperando. Estuve esperando varios días, muchos, no sé cuántos. Desde mi caravana les veía entrar y salir de la casa, abrir las ventanas a mediodía y encender las luces al caer la tarde. Dylan llegaba en su coche y casi siempre se quedaba un buen rato en el cuarto de estar, escribiendo a máquina. Luego bajaba al sótano con los demás y yo les escuchaba tocar desde el exterior, sentándome bajo las ventanas de la parte derecha de la casa. El sonido que salía a través de ellas tenía el aliento de un ser vivo, el olor de una planta bajo el agua y el fluir de esos pasos de baile ejecutados hacia adelante, hacia atrás y en lateral. Cinco músicos disfrutando juntos su mayor conquista: detener el tiempo. Nada más, nadie más; sólo yo, invisible al otro lado, escuchando y esperando.

      Ahora, casi cinco décadas después, me coloco de este lado para contarlo. La memoria de la expectación ilusionada de aquellos días me devuelve una sensación de vida que se ha ido difuminando con el paso de los años y lo ineludible de las pérdidas. Sobre mi escritorio, el cuaderno marrón que Dylan me regaló la última vez que lo vi en Big Pink. Lo abro al azar -una hoja doblada, sólo dos líneas separadas por un abismo de página en blanco:

                    I know it because it was there.
 
               But I'm not there, I'm gone ...
 
 
 

lunes, 17 de noviembre de 2014

Caravana (4) Mayo 1967




      Estoy escribiendo al sol, sobre la mesa que he colocado delante de la caravana. Intento terminar un artículo sobre el festival de Monterey: se acerca la fecha y todo el mundo especula sobre presencias y ausencias, previsiones de público y rumores varios, y la revista para la que trabajo me urge a entregar un texto que desvele todo lo posible al respecto. Haré lo que pueda; y si todo va bien por aquí, en Big Pink, quizá vuelva a cruzar el país una vez más en esta caravana para llegar a California a mediados de junio. Sería estupendo reencontrar a Janis allí.

     Levanto la vista de los papeles y veo llegar a Richard y a Garth cargados con paquetes y quinientas bolsas. Me saludan cuando ya vienen subiendo la pequeña cuesta que conduce a la entrada de la casa.
      - Hola, Nar. ¿En qué andas? -pregunta Garth, casi sin resuello.
    - Aquí, escribiendo. Aunque debería hacer como vosotros y bajar a la compra, porque me he quedado hasta sin café... -contesto apresuradamente, sin saber bien qué decir.
     - ¡Pues, si quieres, ven y pilla del nuestro, hemos traído un par de kilos! -grita Richard, mientras se pelea con los paquetes intentando abrir la puerta.
     - ¡No me lo digas dos veces! -respondo levantándome de un respingo.

      Les sigo al interior de la casa. Es la primera vez que entro, y noto que me tiemblan las piernas. Van dejando la carga repartida por el cuarto de estar, sobre los sofás y encima de la mesa situada ante el gran ventanal que mira hacia el bosque. Me llama la atención verla cubierta de papeles de diversos colores -algunos con notas manuscritas, otros mecanografiados-, entre ceniceros llenos y vacíos y unas cuantas armónicas, una de ellas dentro de su funda: un collage bajo el que imagino la firma de Dylan.
     - ¡Joder, cuántas cosas! Las botellas se pueden quedar por aquí, la comida mejor la ponemos en la cocina -propone Richard.
    Les ayudo a llevar hasta allí algunas bolsas, y por el camino voy anotando mentalmente detalles del interior: un perchero lleno de chaquetas, pañuelos y sombreros; guitarras y botas esparcidas por el suelo; espejos y dibujos de diferentes tamaños colgados en las paredes del pasillo, en el que veo varias puertas, alguna de ellas abierta. Ya en la cocina, lo primero que me sorprende es la sensación de „pulcritud“ -al tiempo que me choca que se me haya ocurrido pensar en una palabra tan rebuscada-. Quizá por eso hago un comentario idiota:
      - ¡Ni un plato sucio! Tendríais que ver el fregadero de mi caravana... ¿Cómo lo hacéis, siendo tantos?
      - Bueno, yo me ocupo de eso -murmura Garth, mientras va metiendo algunos cartones de leche en la nevera.
      - Y los demás colaboramos en lo que podemos para que esta cocina no parezca un puto quirófano, ¿a que sí, tío? -dice Richard, con una carcajada.
      - Cada uno aporta lo suyo -apuntilla Garth, mientras se marcha.

     Nos hemos quedado solos, y Richard me ofrece una cerveza mezclada con un bourbon y con una pregunta indirecta:
      - Rick nos ha comentado que te gustaría bajar alguna tarde al sótano a oírnos tocar.
   - Bueno, lo dejé caer por si colaba, y él propuso preguntaros qué os parece la idea...
    - Y lo ha hecho, creo que a él le mola. Yo también dije que vale -casi no te conozco, pero me caes bien-. Robbie se calló, y Garth no estaba. Dylan hizo dos o tres preguntas al respecto, y luego cambió de tema, ya sabes...
     - O sea, que...
  - O sea, que aunque Big Pink no es exactamente una república democrática, las decisiones las solemos tomar en común, de manera que habrá que tener calma. Esto se va moviendo cada día, ¿sabes?, cada vez nos lo pasamos mejor, y no sé si todos están dispuestos a compartir eso con el pájaro raro que tenemos anidando en una caravana de la hostia aparcada detrás de la casa.
   - Bueno, a veces los pájaros raros acaban volando todos en la misma dirección. Y ya que hablamos de lo raro..., ¿te puedo preguntar una cosa?
     - Dispara.
     - ¿Qué es eso que llevas colgado al cuello? Se parece mucho a esto mío, mira...
     - Mmm... Mejor lo hablamos otro día.
     - Vale, ya lo pillo. Me voy.

      Apuro el bourbon y salgo de la cocina. Él se queda terminando el suyo. Al recorrer el pasillo hacia la salida, me detengo ante la puerta que lleva al sótano. Está entreabierta. Veo una escalera descendente bastante empinada, algo de luz al fondo. No sé cuánto tiempo he pasado mirando aquello cuando escucho la voz de Richard, a mi derecha:
    - Estamos calentando motores, Nar. Tendrás que esperar, pero valdrá la pena.

      Seguro que sí. Estoy esperando.





miércoles, 12 de noviembre de 2014

Caravana (3) Mayo 1967



 


Al regresar de uno de mis habituales paseos hasta el arroyo, encuentro a Rick sentado en la escalera de la caravana. Está cantando una canción que no conozco, no me ha oído llegar y yo espero a que termine para empezar a aplaudir.

- ¡Bravo!
- Hola, Nar. Me he venido aquí un rato con la guitarra, me gusta ver cómo da el sol a estas horas en la parte de atrás de la casa. Ya me iba ...

Le ofrezco un café, y cuando entro a prepararlo me sigue y se queda de pie junto a las estanterías, curioseando. Ha dejado su guitarra al sol.

- Mucho papel para un sitio tan pequeño -comenta.
- Bueno, es mi mundo. Los músicos vivís entre instrumentos, y quienes escribimos tendemos a acumular libros y cuadernos. Será porque nos gusta rodearnos de objetos con los que podamos llevarnos bien.
- Sí, supongo, aunque eso a veces hay que currárselo. Ayer bajamos la batería y el piano, ocupaban mucho espacio arriba, y además le estamos cogiendo el gusto a tocar en el sótano, aunque lo tenga todo en contra para sonar bien: paredes de bloques de hormigón y suelo de cemento, el lote completo de un puto garaje, más una caldera de acero que hace un ruido de la hostia. Se nos ha ocurrido poner una alfombra, por probar. Si no sirve de nada, por lo menos hará que Hamlet se sienta más cómodo, como dice Dylan.
- Tengo la impresión de que últimamente está viniendo a veros cada vez con más frecuencia.
- Sí, es verdad, dice que le gusta esta casa rosa y en lo que la estamos convirtiendo... Además, tocar juntos en la suya resulta más complicado, sobre todo con los niños alrededor.
- ¿Crees que podría bajar a escucharos algún rato? Suelo hacerlo desde el exterior, pero sería estupendo sentarme alguna tarde en una esquina del sótano...
- Por mí no hay problema, pero no sé qué dirían Dylan y Robbie. Si quieres, les puedo preguntar.
- No sabes cuánto te lo agradecería. Prometo no molestar.
- Ya te diré algo. Ahora me piro. Gracias por el café.
- Oye, ¿qué es lo que estabas tocando cuando llegué?
- Una canción a la que ando dándole vueltas, no está terminada. Tiene que ver con el cansancio de esperar, o algo así. ¿Te ha gustado?
- Mucho, Rick. Yo sé bien qué es la impaciencia.
Me dices algo pronto, ¿vale?