martes, 17 de febrero de 2015

Caravana (9) Mediados de junio 1967



   


  
. . .   no one around could understand
what was written by the mystic hand   . . .




Radiografía de la voz de Cash, Belshazzar en esqueleto.

                                              Dos guitarras, un bajo y un órgano como de otro mundo.

Oculto mi miedo citando a Daniel y avanzo hacia la escalera del sótano.









martes, 3 de febrero de 2015

Presente (VI)



     Mi anticipación fue certera: aquella canción que escuché al entrar por primera vez en el sótano resumía el júbilo de la camaradería compartida, multiplicando ambos.

   He pasado todos estos años buscándola -en mi memoria, en mis sueños, en las recopilaciones que desde el 69 han ido apareciendo bajo los símbolos del milagro o del árbol con raíces, tras las etiquetas de lo genuino o, recientemente, lo completo…-. La canción no aparece. Simplemente no está.

     Quizá nunca fue grabada, o a lo mejor surge mañana en una cinta perdida.

     Esa canción no está grabada tal vez porque no existe.

     Acaso sea la que yo voy intentando escribir
     ahora,
     aquí,
     como si la cantáramos.









domingo, 25 de enero de 2015

Caravana (8) Mediados de junio 1967




     Dedico las primeras horas de la tarde a revisar algunos de los materiales recopilados para mi proyecto de biografía literaria. El azar hace que tope con una entrevista de 1962, una de las primeras, en la radio WBAI de Nueva York. Dylan habla de cuando actuaba en los cafés de Greenwich Village, en el Gaslight y en el Wha? :

      “Cantaba por las tardes, tocaba la armónica para un tipo de allí... Me daba un dólar... Tocaba con él cada día desde las dos de la tarde. Hasta las ocho y media... Me daba un dólar y una hamburguesa con queso.”

     Qué distintas serán su sensaciones ahora, tocando con amigos, sin horarios ni sueldo. Las sesiones en el sótano no suelen ser tan largas como aquellas del Village, aunque a veces se prolongan hasta la madrugada. Hoy tengo que esperar hasta las siete para poder bajar -el tono de Robbie no admitía dudas-, y no sé cómo sujetar mis nervios. Por suerte, hacia las cuatro una cara sonriente aparece por el ventanal delantero de la caravana:

     - Entra, Rick. 
     - ¿No interrumpo? 
     - No, qué va, sólo estaba tomando unas notas, haciendo tiempo hasta la hora de bajar al sótano a escucharos.
    - Sí, Robbie nos lo ha dicho esta mañana... A Richard y a mí nos apetece la idea de tenerte como público, aunque sea sólo un rato... 
     - Bueno, ya veremos cuánto aguantamos, vosotros y yo. ¿Ya sabes qué vais a tocar hoy? 
    - Ni puta idea. Eso siempre se decide –me parece- en el momento en el que Dylan baja la escalera del sótano, bien en función de lo que lleve o no en la mano (textos, acordes, un periódico, la armónica...), del careto que traiga, o de las dos cosas. Nosotros, desde abajo, le vemos descender los peldaños, a veces despacio, a veces de dos en dos, y nos ponemos a reafinar con cara de póquer, o encendemos un cigarro esperando a ver qué dice ... A veces es como cuando tiras al aire una moneda y tarda horas en caer.

     Me cuesta asumir que me voy a perder ese momento -Orfeo, catábasis y cien mil asociaciones discordantes en torno al placer del descenso-, que esta tarde no veré a Dylan en la escalera bajando al encuentro de sus camaradas, porque cuando yo llegue al sótano ya serán las siete y media, y los cinco llevarán ya un rato tocando, absortos en los instrumentos y en su complicidad, y ni siquiera notarán cómo me siento en una esquina, mirándoles desde el suelo, con las manos entrelazadas, los oídos fértiles y los ojos de par en par.

      Hoy no veré bajar a Dylan, pero la canción que estén cantando cuando yo me siente a escucharles sobre el piso de cemento del sótano será tan exultante como la imagen de ellos cinco reunidos en torno a aquella alegría compartida: la perfecta banda sonora de una gloria secreta, íntima y anárquica.




viernes, 9 de enero de 2015

Caravana (7) Mediados de junio 1967





      Igual que a Rick, también a mí me gusta ver cómo el sol da a estas horas en la parte de atrás de la casa.
 
     He empezado a pintarla sobre un lienzo horizontal - 70 x 50, tres mil quinientos centímetros de área y doscientos cuarenta de perímetro para intentar contener la envoltura de un universo esférico, enorme y rosa -. El resto de colores van brotando de la música que casi cada tarde escapa por las ventanas abiertas. Aunque todavía esté lejos de ser mi obra maestra, la imagen se va perfilando fluida como una rapsodia.

      - ¿A punto para el sótano, Nar?

  La pregunta resuena a mis espaldas, rompiendo mis divagaciones futuristas.

      - Hola, Robbie. Me has asustado …
    - No era mi intención. Sólo venía a decirte que esta tarde puedes bajar a escucharnos. Dylan ha dicho que te quiere conocer.

      El pincel se me cae de la mano, el óleo forma una mancha azul sobre la hierba. Robbie se queda mirándola un par de segundos y compone una mueca que acaba derivando en media sonrisa. Luego, dándome la espalda, se dirige hacia la entrada de la casa y vocea:

      - ¡No vengas antes de las siete!

      Las siete    :-:
      siete, menos cuatro  =  tres    :-:
      tres palabras  ~  la llave del tesoro    :-:


                               Dylan  quiere  conocerme  *






miércoles, 24 de diciembre de 2014

Back Pages - Cuaderno marrón - Bright Summer Night 1967



          Veo una luz venir brillando

          desde el verano hacia el invierno.


          Estar aquí y entonces

          tras las décadas y ahora

          compartiendo el brillo de una estrella.






martes, 16 de diciembre de 2014

Back Pages - Cuaderno marrón (d) Comienzos de junio 1967



 
Hay cosas de las que no se habla,
y otras
de las que se habla sin ser cosas ...

Esa caravana instalada en la parte trasera de la casa
- a la hora que llego el sol le da justo encima

y la veo brillar

y me quedo un rato mirándola
       (los ojos, entrecerrados) 
 
y sé que hay alguien dentro
         a quien todavía no conozco

                                     :

la caravana
como una metáfora de mí mismo
en estos días de primavera
en los que la Olivetti se me acompasa
con ritmos antiguos

-sí, estoy pensando en términos de ritmo, también, estos días-

y a la vez
con un torrente verde espiga
del que van brotando
la alegría, la reacción,
la complicidad de una banda
que es yo antes y yo ahora


Si lo hablamos,
o mejor si conseguimos tocarlo juntos,
quizá
lo que todavía no conozco
se nos podría unir cualquier tarde,
en el sótano


¿Quién habita esa "caravana metafórica"?

            ( almohadas psicodélicas :
              ¿ por qué el surrealismo habría de ser
                patrimonio de un único bando ? )


¡Habla conmigo, Nar !
- ellos me han contado que tienes este nombre
como de bufón de Shakespeare ...

  … Ahora me gustaría saber a qué suena tu voz .







martes, 9 de diciembre de 2014

Caravana (6) Comienzos de junio 1967




 

     Regreso junto a la caravana y Richard sigue sentado en los escalones, terminando su café. Me sonríe, no pregunta dónde he estado, pero de alguna manera yo se lo explico al responder a la cuestión que se había planteado a sí mismo un rato antes, incluyendo en la respuesta un recordatorio de mi espera:

     - He estado pensando que quizá me has contado lo de “Upstairs, Downstairs” sólo porque quieres compartirlo con alguien no "de dentro", porque te interesa mi perspectiva "externa". Todavía no he podido bajar con vosotros al sótano, así que no tengo grabada esa imagen tuya, tan obsesiva que hasta te la llevas a los sueños, de Dylan en la escalera bajando/subiendo/bajando ...
      - Vale. Ya sabes que yo les comenté hace días la idea de que alguna tarde te sentaras en el sótano a vernos tocar -porque escucharnos ya lo haces, desde fuera, lo sabemos-; no es culpa mía que hasta ahora no se lo hayan vuelto a plantear ... Pero yo no te estoy hablando de deseos puestos en manos ajenas -culpa tuya, Nar-, sino de una imagen de la incertidumbre -no sé si lo pillas- que tiene que ver con la que estoy sintiendo al intentar componer esa canción ...
      - ¿Y tu inseguridad está más en la letra o en la música?
     - Bueno, yo he hablado de incertidumbre, que es una palabra mucho más sugerente que la tuya ... Pero es la letra lo que me tiene más colgado ... Los acordes los tengo claros, ya verás.
 
    De un salto se mete en la caravana y sale con una de mis guitarras entre las manos. Toca cinco acordes, salmodiando palabras inconexas sobre una melodía descendente que recupera la verticalidad del ascenso mediante agudos en los que su voz arde. Al terminar, nos quedamos en silencio. Lo rompe él:
 
    - A partir de ahora, Nar, vendré a tu caravana todos los miércoles a las 9:30 para seguir comentando contigo este asunto -dice poniéndome una mano sobre el hombro, muy serio.
       - No me lo creo, Richard.
       - Haces bien.
 
      Se levanta, deja su tazón de café ya vacío en el último escalón y se marcha en dirección al bosque, diciéndome adiós con la mano. Lo miro alejarse, descalzo, sabiendo que acabo de escuchar la fotografía inexistente de una leyenda: con mis oídos, con mis ojos, con mi mitomanía anticipatoria .-.-.-
 
                  If you find me in a gloom or catch me in a dream
                                                                        .-.-.-