domingo, 22 de marzo de 2015

Back Pages - Cuaderno marrón - Mediados de junio 1967






a tongue can accuse and carry bad news

and one man's joy is another man's pain

so better lock your door

and just try me plain

'cause you ain't going nowhere

not today, nor tomorrow, not again











miércoles, 11 de marzo de 2015

Caravana (10) Mediados de junio 1967






    

    Del sótano emana una luz entre marina y ocre. Me detengo unos instantes a contemplarla desde el primer peldaño de la escalera. Han terminado con Belshazzar y están decidiendo cuál va a ser la siguiente canción. Robbie menciona un par de títulos de Sun Records y Rick bromea sobre uno de ellos, mientras la guitarra acústica de Dylan se va abriendo paso entre las risas: una sucesión simple de acordes y un tarareo jubiloso en los que poco a poco van quedando ensamblados el resto de voces e instrumentos.

       Lo que escucho mientras, de puntillas, voy descendiendo hacia ellos peldaño a peldaño es una tonada como de bandoleros, acunada sobre un ritmo perfecto para ser llevado en semicírculo por una banda de camaradas que tocan al compás de un latido común. Arropados por la cualidad hipnótica de la melodía, no parecen darse cuenta de que me he sentado en una esquina y les estoy escuchando desde el suelo, con la respiración contenida y los ojos abiertos de par en par -como si estuviéramos bajo el agua, me sorprendo pensando-. De pronto, mientras lentamente van poniendo fin a la canción, Dylan se da la vuelta y me clava la mirada:

     -  Así que tú eres Nar.
     -  Sí, hola a todos -digo poniéndome en pie-. Gracias por invitarme a estar aquí ...
   - Bueno, parece ser que para instalarte fuera no te hizo falta invitación … Y esa caravana tan reluciente ya es como si formara parte del paisaje, ¿no?
     -  Espero no molestar a nadie ...
   - ¿Fuera o aquí abajo? Ya lo veremos. De momento, puedes quedarte en el suelo o pillar una silla, como prefieras. Garth, ¿preparado para grabar la siguiente? -le pregunta a Hudson volviendo a darme la espalda.
     - Todo listo -contesta Garth-. Pero ¿qué pasa con Richard? ¿Subo a buscarlo?
    - Déjalo dormir, de momento no necesitamos ni piano ni batería. Vamos a por algunas de las que comentabais antes ... ¿Qué tal si empezamos con I forgot? Pero más onda Cash que Elvis, ¿de acuerdo?

     Garth conecta la grabadora y Robbie arranca con un breve punteo eléctrico, seguido por el bajo, el órgano y la acústica dando entrada a una larguísima primera sílaba que Dylan arrastra como resignándose a la persistencia del recuerdo:


I forgot to remember to forget her
I can't seem to get her off my mind
I thought I'd never miss her
But I found out somehow
I think about her almost all the time.


The day she went away
I made myself a promise

That I'd soon forget we ever met

                                                              ...

     Y yo estoy aquí para escucharlo, con la espalda apoyada en la pared, sonriendo ... Y prometiéndome justo lo contrario.




martes, 24 de febrero de 2015

Back Pages – Cuaderno marrón – Solsticio de verano 1967







Todas estas canciones están relacionadas

Nada fuera de lo común, sólo algo natural


                                                                              -  kind of extending the walked line
 



                      N  o      s  o  m  o  s      s  i n  o      m  e  r  o  s      p  a  s  o  s


                                           La  semana  pasada
 
                                                   en  China

                                                                      un  sol  imprevisto

                                                                            brotó
                                                                                           -   rosa

                                                                                               ígnea

                                                                             en  el  desierto





martes, 17 de febrero de 2015

Caravana (9) Mediados de junio 1967



   


  
. . .   no one around could understand
what was written by the mystic hand   . . .




Radiografía de la voz de Cash, Belshazzar en esqueleto.

                                              Dos guitarras, un bajo y un órgano como de otro mundo.

Oculto mi miedo citando a Daniel y avanzo hacia la escalera del sótano.









martes, 3 de febrero de 2015

Presente (VI)



     Mi anticipación fue certera: aquella canción que escuché al entrar por primera vez en el sótano resumía el júbilo de la camaradería compartida, multiplicando ambos.

   He pasado todos estos años buscándola -en mi memoria, en mis sueños, en las recopilaciones que desde el 69 han ido apareciendo bajo los símbolos del milagro o del árbol con raíces, tras las etiquetas de lo genuino o, recientemente, lo completo…-. La canción no aparece. Simplemente no está.

     Quizá nunca fue grabada, o a lo mejor surge mañana en una cinta perdida.

     Esa canción no está grabada tal vez porque no existe.

     Acaso sea la que yo voy intentando escribir
     ahora,
     aquí,
     como si la cantáramos.









domingo, 25 de enero de 2015

Caravana (8) Mediados de junio 1967




     Dedico las primeras horas de la tarde a revisar algunos de los materiales recopilados para mi proyecto de biografía literaria. El azar hace que tope con una entrevista de 1962, una de las primeras, en la radio WBAI de Nueva York. Dylan habla de cuando actuaba en los cafés de Greenwich Village, en el Gaslight y en el Wha? :

      “Cantaba por las tardes, tocaba la armónica para un tipo de allí... Me daba un dólar... Tocaba con él cada día desde las dos de la tarde. Hasta las ocho y media... Me daba un dólar y una hamburguesa con queso.”

     Qué distintas serán su sensaciones ahora, tocando con amigos, sin horarios ni sueldo. Las sesiones en el sótano no suelen ser tan largas como aquellas del Village, aunque a veces se prolongan hasta la madrugada. Hoy tengo que esperar hasta las siete para poder bajar -el tono de Robbie no admitía dudas-, y no sé cómo sujetar mis nervios. Por suerte, hacia las cuatro una cara sonriente aparece por el ventanal delantero de la caravana:

     - Entra, Rick. 
     - ¿No interrumpo? 
     - No, qué va, sólo estaba tomando unas notas, haciendo tiempo hasta la hora de bajar al sótano a escucharos.
    - Sí, Robbie nos lo ha dicho esta mañana... A Richard y a mí nos apetece la idea de tenerte como público, aunque sea sólo un rato... 
     - Bueno, ya veremos cuánto aguantamos, vosotros y yo. ¿Ya sabes qué vais a tocar hoy? 
    - Ni puta idea. Eso siempre se decide –me parece- en el momento en el que Dylan baja la escalera del sótano, bien en función de lo que lleve o no en la mano (textos, acordes, un periódico, la armónica...), del careto que traiga, o de las dos cosas. Nosotros, desde abajo, le vemos descender los peldaños, a veces despacio, a veces de dos en dos, y nos ponemos a reafinar con cara de póquer, o encendemos un cigarro esperando a ver qué dice ... A veces es como cuando tiras al aire una moneda y tarda horas en caer.

     Me cuesta asumir que me voy a perder ese momento -Orfeo, catábasis y cien mil asociaciones discordantes en torno al placer del descenso-, que esta tarde no veré a Dylan en la escalera bajando al encuentro de sus camaradas, porque cuando yo llegue al sótano ya serán las siete y media, y los cinco llevarán ya un rato tocando, absortos en los instrumentos y en su complicidad, y ni siquiera notarán cómo me siento en una esquina, mirándoles desde el suelo, con las manos entrelazadas, los oídos fértiles y los ojos de par en par.

      Hoy no veré bajar a Dylan, pero la canción que estén cantando cuando yo me siente a escucharles sobre el piso de cemento del sótano será tan exultante como la imagen de ellos cinco reunidos en torno a aquella alegría compartida: la perfecta banda sonora de una gloria secreta, íntima y anárquica.




viernes, 9 de enero de 2015

Caravana (7) Mediados de junio 1967





      Igual que a Rick, también a mí me gusta ver cómo el sol da a estas horas en la parte de atrás de la casa.
 
     He empezado a pintarla sobre un lienzo horizontal - 70 x 50, tres mil quinientos centímetros de área y doscientos cuarenta de perímetro para intentar contener la envoltura de un universo esférico, enorme y rosa -. El resto de colores van brotando de la música que casi cada tarde escapa por las ventanas abiertas. Aunque todavía esté lejos de ser mi obra maestra, la imagen se va perfilando fluida como una rapsodia.

      - ¿A punto para el sótano, Nar?

  La pregunta resuena a mis espaldas, rompiendo mis divagaciones futuristas.

      - Hola, Robbie. Me has asustado …
    - No era mi intención. Sólo venía a decirte que esta tarde puedes bajar a escucharnos. Dylan ha dicho que te quiere conocer.

      El pincel se me cae de la mano, el óleo forma una mancha azul sobre la hierba. Robbie se queda mirándola un par de segundos y compone una mueca que acaba derivando en media sonrisa. Luego, dándome la espalda, se dirige hacia la entrada de la casa y vocea:

      - ¡No vengas antes de las siete!

      Las siete    :-:
      siete, menos cuatro  =  tres    :-:
      tres palabras  ~  la llave del tesoro    :-:


                               Dylan  quiere  conocerme  *